Por Isabel Rodríguez
A dos años del triunfo histórico de nuestra primera presidenta, Claudia Sheinbaum, recordamos a una de las mujeres que ayudó a cambiar el rumbo de México desde las sombras de la historia.
Nacida en Puebla el 29 de mayo de 1875, Natalia Serdán no empuñó únicamente ideales: entregó su patrimonio, su seguridad y su vida cotidiana a la causa revolucionaria. Mientras otros ocupaban los reflectores, ella sostuvo la lucha con recursos, organización y una convicción inquebrantable.
Su nombre rara vez aparece con la fuerza que merece en los libros de historia, pero sin mujeres como Natalia, la Revolución difícilmente habría encontrado el impulso necesario para abrirse camino.
Hoy la recordamos como una de esas mexicanas que demostraron que las grandes transformaciones también se construyen desde el valor silencioso, la inteligencia estratégica y el profundo amor por la patria. Porque la historia de México no solo fue escrita por quienes alzaron la voz, sino también por mujeres extraordinarias que hicieron posible la esperanza.








