Cine Ópera: del esplendor de la Época de Oro al abandono de un palacio del cine mexicano

Inaugurado en 1949 en la colonia San Rafael de la Ciudad de México, el Cine Ópera fue uno de los recintos cinematográficos más majestuosos de su época. Tras recibir a miles de espectadores y convertirse en escenario de históricos conciertos de rock, permanece cerrado desde 1998

7 de noviembre del 2026.- En la colonia San Rafael, entre el tránsito cotidiano y los puestos ambulantes, permanece una fachada que parece detenida en el tiempo. Dos figuras femeninas de piedra custodian una entrada por la que ya no circulan espectadores ni asistentes a conciertos. Son Melpómene, representante de la tragedia, y Talía, símbolo de la comedia. Detrás de ellas se encuentra el antiguo Cine Ópera, uno de los inmuebles más emblemáticos de la historia del entretenimiento en la Ciudad de México.

Su historia comenzó el 11 de marzo de 1949, en plena Época de Oro del cine mexicano. Ubicado en Serapio Rendón número 9, el recinto abrió sus puertas con la proyección de Una familia de tantas, película dirigida por Alejandro Galindo.

Desde su inauguración, el Ópera destacó por su arquitectura Art Déco y una monumentalidad que lo hacía parecer más un palacio que una sala cinematográfica. Su diseño arquitectónico se atribuye a Cleto Amador y Manuel de la Colina, mientras que los interiores estuvieron a cargo de Manuel Fontanals y el diseño decorativo contó con la participación de Félix T. Nuncio.

El inmueble tenía capacidad para albergar alrededor de 3 mil 800 espectadores. Sus escalinatas, candiles de bronce y cristal, alfombras, espejos y amplios espacios interiores ofrecían una experiencia que iba mucho más allá de ver una película.

Durante 44 años, el Cine Ópera fue un punto de encuentro para los habitantes de la colonia San Rafael y para generaciones de capitalinos. En sus salas se vivieron grandes estrenos, funciones de matiné para niñas y niños y actividades que lo consolidaron como un referente cultural y social de la ciudad.

Del cine al escenario del rock

Con el paso de los años, la transformación de la industria cinematográfica, la aparición de los complejos multisalas y la expansión del video provocaron que los grandes cines tradicionales perdieran público.

El terremoto del 19 de septiembre de 1985 también representó un golpe para el inmueble. Los daños en su estructura, las grietas y el deterioro de distintas áreas aceleraron su declive como espacio cinematográfico.

Sin embargo, el Ópera tuvo una segunda oportunidad. En 1993 reabrió sus puertas con una vocación distinta: dejó de ser una sala de cine para convertirse en un foro de conciertos, especialmente vinculado con el rock alternativo.

Por su escenario pasaron agrupaciones como Héroes del Silencio, Love and Rockets, El Tri y Mercyful Fate. Incluso, la banda mexicana Maná utilizó el recinto para grabar uno de sus videos musicales.

Uno de los episodios más recordados ocurrió el 12 de octubre de 1998, cuando la agrupación británica Bauhaus ofreció un concierto que congregó a una multitud. La saturación del inmueble derivó en un portazo y disturbios, acontecimientos que terminaron por marcar el cierre definitivo del recinto.

Un gigante detenido en el tiempo

Desde entonces, el Cine Ópera permanece cerrado. Lo que alguna vez fue un espacio lleno de luces, música y espectadores se convirtió en un inmueble deteriorado, con daños visibles en su interior y un futuro que continúa siendo incierto.

Con el paso de casi tres décadas, el edificio ha quedado como testimonio de distintas etapas de la vida cultural de la capital: desde el esplendor de las grandes salas cinematográficas hasta la efervescencia del rock de los años noventa.

Su fachada todavía conserva parte de la majestuosidad que lo convirtió en un símbolo arquitectónico de la colonia San Rafael. Las esculturas de Melpómene y Talía continúan en su sitio, como guardianas de un recinto que parece esperar una nueva oportunidad.

El Cine Ópera representa mucho más que un edificio cerrado. Es memoria urbana, patrimonio arquitectónico y un recordatorio de una época en la que asistir al cine también significaba vivir una experiencia extraordinaria.