Por Celfia Duarte Casarez
A 50 años del golpe de Estado en Argentina, no estamos frente a una efeméride neutral ni a un ejercicio académico inocuo. Estamos ante un campo de disputa política donde la memoria es trinchera y la historia, un arma contra el avance reaccionario. Lo que se juega hoy no es el pasado: es el futuro.
Historia de un genocidio
El golpe del 24 de marzo de 1976 no fue una “intervención militar” ni una respuesta al caos: fue un proyecto sistemático de exterminio al servicio del capital. Como han documentado medios críticos latinoamericanos, la dictadura fue parte de una arquitectura continental “el Plan Cóndor” diseñada para aplastar toda posibilidad de transformación social en América Latina.
Treinta mil desaparecidos: obreros, estudiantes, campesinos, militantes. Son cuerpos arrancados para disciplinar a un pueblo entero. Las desapariciones, los centros clandestinos y la apropiación de menores no fueron “errores”: fueron política de Estado.
Frente a esto, la ultraderecha contemporánea intenta reinstalar la teoría de los “dos demonios”, diluir responsabilidades y convertir a las víctimas en sospechosos. Es estrategia.
Actualidad. La negación como estrategia
A medio siglo, el peligro no es solo el olvido, sino la reescritura activa del pasado. Como señalan diversos medios progresistas, hoy resurgen discursos que cuestionan el número de desaparecidos, justifican la represión o banalizan el terror estatal.
No es casual. El negacionismo es funcional a un programa económico: el mismo que necesita destruir derechos laborales, criminalizar la protesta y gobernar mediante el miedo. La memoria, entonces, estorba. Por eso la atacan.
Las calles argentinas lo han dejado claro cada 24 de marzo: “Nunca Más” no es consigna del pasado, es advertencia presente. Porque cuando la derecha habla de “orden”, históricamente ha significado desaparición, censura y muerte.
México y su política de solidaridad
México no puede asumirse como espectador. Nuestra propia historia está atravesada por la represión estatal, desde la guerra sucia hasta las desapariciones actuales. Por eso, la memoria argentina interpela directamente a nuestras luchas.
Ser aliado no es solo conmemorar: es asumir una posición política clara. Es rechazar cualquier forma de militarización autoritaria, denunciar la impunidad y sostener la organización popular como única garantía frente al avance reaccionario.
La solidaridad con Argentina no es diplomática: es de clase. Es entender que los mismos intereses que financiaron dictaduras ayer impulsan hoy proyectos neoliberales, extractivistas y autoritarios en toda la región.
A 50 años, la disputa sigue abierta. La ultraderecha quiere convertir el genocidio en “exceso” y la memoria en “relato”. Nuestra tarea es lo contrario: nombrar el crimen, señalar a los responsables y defender la historia como herramienta de lucha.
Referencias
Periodismo de Izquierda. (2026, marzo 24). 24 de marzo: 50 años, más que un aniversario, una trinchera. https://periodismodeizquierda.com/24-de-marzo-50-anos-mas-que-un-aniversario-una-trinchera/
Indymedia Argentina. (2026, marzo 17). Argentina a 50 años del golpe de Estado: memoria y lucha contra la impunidad. https://argentina.indymedia.org/2026/03/17/argentina-a-50-anos-del-golpe-de-estado-memoria-y-lucha-contra-la-impunidad/
Revista EDM. (2026). Argentina a 50 años del golpe genocida. https://revistaedm.com/nota/argentina-a-50-anos-del-golpe-genocida
CLACSO. (2026). A 50 años del golpe de Estado en Argentina. https://www.clacso.org/a-50-anos-del-golpe-de-estado-en-argentina/








