Por Celfia Duarte Casarez
La palabra como territorio político
En esta segunda edición tuve el gusto de participar con mi texto “A mí nadie me lo contó”, un relato que nace de una experiencia vivida en 2019 en una comunidad indígena con autogobierno. Allí, en un territorio donde la organización comunitaria se sostiene con dignidad y resistencia histórica, fue imposible no mirar de frente la desigualdad estructural que enfrentan las mujeres incluso en los espacios donde se lucha por la autonomía.
En el texto recupero cómo las reformas en torno a la participación política de las mujeres han sido avances significativos: han permitido abrir puertas, reducir brechas y visibilizar derechos negados por siglos. Pero también es cierto que, aunque necesarias, estas reformas siguen siendo insuficientes.
Es evidente que mientras no se ataque la estructura que sostiene la explotación la división sexual del trabajo, la desigualdad económica y la precarización de la vida el reformismo tardío sólo administra la injusticia sin desmontarla. No basta con permitirnos entrar si el sistema sigue diseñado para expulsarnos. No basta con “llegar” si el poder real sigue concentrado. Porque sin transformar las condiciones materiales, el famoso “Es tiempo de mujeres” corre el riesgo de convertirse en consigna vacía.
Espacios que se toman, no que se piden
Aun así, estos espacios importan. Y mucho. Porque toda tribuna conquistada es un terreno arrebatado al silencio. Por eso debemos posicionarnos, ocuparlos, multiplicarlos. Las mujeres no estamos para pedir permiso: estamos para tomar la palabra, disputar la narrativa y construir dirección política.
Mujer Es Morena demuestra que también desde lo editorial se construye movimiento, se siembra conciencia y se fortalece identidad colectiva. No hay transformación sin cultura política. No hay revolución sin pensamiento.
Milagros con presupuesto raquítico
Este esfuerzo también revela algo que pocas veces se dice con claridad: la ardua labor de la Secretaría de las Mujeres del Comité Ejecutivo Estatal de Morena Michoacán. Porque incluso siendo uno de los estados que todavía cuenta únicamente con el 3% presupuestal destinado a las mujeres, se ha logrado sostener trabajo, estructura, formación y producción política. Literalmente: se hacen milagros con presupuesto raquítico.
Y esto no debería ser normal. La política feminista no puede depender de la voluntad, del sacrificio o de la creatividad eterna para estirar lo insuficiente. Michoacán debe avanzar al 8%, como ya ocurre en otras entidades del país, donde se ha entendido que sin recursos no hay justicia de género.
Aquí el “cuchillito” necesario desde la izquierda: el presupuesto también es lucha de clases. Si no hay inversión pública para las mujeres, lo que hay es simulación institucional. Los derechos sin recursos son promesas huecas.
Cerrar filas para abrir futuros
Mujer Es Morena es una trinchera porque nace desde el territorio, desde la militancia, desde la conciencia feminista popular. Y porque hoy más que nunca debemos entender que no basta con resistir: hay que construir.
Porque cuando las mujeres escribimos, el poder tiembla.
Y cuando nos organizamos, no sólo publicamos una revista: empezamos a cambiar el mundo.








