El sombrero ajeno y la brújula extraviada

Por Tacho Ledesma

Hay movimientos que nacen con vocación de epopeya y terminan convertidos en sketch. El llamado Movimiento del Sombreo parece ir por esa ruta: quería oler a revolución social, no la de Memo Valencia, aclaremos, sino una más radical, más antisistema, más “airecillo de barricada”. Pero en cuestión de días se les fue el viento… y la brújula.

Porque una cosa es el discurso de justicia social y otra muy distinta es pedir pena de muerte, ofrecer recompensas para delatar a familiares o amigos y jugar al policía secreto con nostalgia de SS. Sí, así, con todo y bigotito ideológico mal recortado. El problema no es el tono duro; el problema es la incoherencia: claman por Estado de derecho mientras proponen linchamientos con recibo fiscal.

El episodio más ilustrativo del sainete lo protagoniza su diputado referente en el Congreso de Michoacán, Carlos Alejandro Bautista Tafolla, quien decidió viajar a Estados Unidos y pedir, agarre aire y no se ría, la intervención del gobierno de Donald Trump en la investigación del homicidio de Carlos Manzo. Un legislador mexicano, garante de la ley, solicitando auxilio extranjero justo cuando Trump amenazaba con incursiones terrestres en México. Papelón, la verdad. Defender la soberanía desde el aeropuerto… ajeno.

Para completar el cuadro, hasta el momento Grecia Quiroz no ha dicho ni pío frente a la ocurrencia de su diputado. Silencio que pesa y confirma la sospecha: más que movimiento, esto parece improvisación con simpatías peligrosamente cercanas a la ultraderecha global que anda de moda, como si fuera temporada otoño–invierno.

Y hablando de revoluciones con transmisión en vivo: lamentable lo ocurrido recientemente al hermano de Memo Valencia, René Valencia, quien por andar buscando un vehículo con reporte de robo en la zona lacustre terminó en persecución con detonaciones en Erongarícuaro. Live para alertar a las autoridades, Guardia Comunitaria bloqueando el paso de los cuerpos de seguridad, adrenalina a tope. Al final, todos sanos y salvos, qué bueno, pero seamos francos: si vas a una cantina, ¿qué esperas encontrar? Y si decides jugar a la autoridad y salir a cazar delincuentes, ¿qué crees que va a pasar?

Ojalá la autoridad haga su trabajo con diligencia y entregue resultados. Y un abrazo, de esos con casco, a los de Revolución Social.

Para cerrar con broche de oro, aparece el exdiputado LGBT del pasado Congreso, Fidel Calderón, quien ahora ve complots por doquier. Según su versión, el profesor Raúl Morón Orozco es víctima de una conspiración cósmica que incluye al PRI, a los hermanos Valencia, al Movimiento del Sombreo, a su diputado Bautista Tafolla y hasta a la Fiscalía de Michoacán. Todo menos el desgaste natural de más de seis años en campaña, los errores propios, la forma de hacer política y la colección de enemigos cosechados “sin querer queriendo”. No: aquí las culpas son externas y las palomas, blancas y ellos… las “vistimas”.

En resumen, el Movimiento del Sombreo quiere revolución, pero se pone el sombrero equivocado; pide ley y orden mientras coquetea con atajos autoritarios; invoca soberanía y pide auxilio extranjero. Si esto es la nueva radicalidad, que alguien avise dónde se compra la coherencia… porque se les agotó. Hasta la próxima.