Hoy, la historia no se repite, se transforma.

Por Arturo Cuitláhuac Pérez

Por años, Michoacán fue el laboratorio del viejo régimen: ahí se ensayaron planes, operativos y discursos de “reconstrucción del tejido social” que solo dejaron desvíos, represión y abandono. En 2014, Enrique Peña Nieto presentó el llamado Plan Michoacán, un programa con cinco ejes y 45 mil millones de pesos, supuestamente destinado a la paz y el desarrollo.


El resultado: fondos desviados, opacidad comprobada por el INAI y la desarticulación del único movimiento ciudadano auténtico, Los Autodefensas, que habían enfrentado al crimen organizado con valor y dignidad. Ese movimiento, nacido del dolor del pueblo, fue sustituido por una fuerza controlada bajo las órdenes del comisionado Alfredo Castillo, abriendo paso a nuevos grupos criminales y reforzando el círculo de violencia que tanto costó romper.

Así gobernaban antes: con cinismo, simulación y corrupción, gastando el presupuesto público en guerras, desastres y crisis sin soluciones reales, enriqueciéndose con el sufrimiento del pueblo.

En esta transformación, la diferencia es moral y política, no un capital para el poder.

La Cuarta Transformación, emanada de la lucha encabezada por Andrés Manuel López Obrador y hoy continuada por la presidenta Claudia Sheinbaum, no repite el guión:
El Plan Michoacán por la Paz y la Justicia parte de una premisa distinta “la paz no se impone con violencia, se construye con justicia y transparencia”.


Su diseño es integral, con tres ejes:
1. Seguridad y justicia sin militarismo, con una fiscalía especializada y mesas de seguridad permanentes.
2. Desarrollo económico con justicia social, priorizando jornaleros, trabajadores del campo y comunidades rurales.
3. Educación y cultura para la paz, creando espacios para jóvenes, cultura comunitaria y participación social.

No se trata de repetir viejos operativos federales, sino de reparar las causas estructurales de la violencia: la desigualdad, la pobreza y la impunidad.

La diferencia real está en el fondo moral: cero tolerancia a la corrupción, rendición de cuentas, amor al pueblo y justicia social como política de Estado.
Donde antes hubo privilegios, hoy hay derechos. Donde antes hubo imposición, hoy hay diálogo. Donde antes hubo represión, hoy hay política y conciencia.

El legado de Carlos Manzo

El cobarde asesinato de Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan, representa un golpe al Estado y a la estabilidad social, pero también una oportunidad para reafirmar nuestra unidad frente a los intentos de desestabilización.
Como lo expresaron lo han expresado y reafirmado actores políticos emanados y fundadores el moviento Morena; su lucha fue por la paz y la legalidad, y su legado debe inspirar a seguir construyendo desde la civilidad, no desde la venganza.
Su movimiento Del Sombrero encarnó una forma pacífica y plural de hacer política desde las raíces del pueblo, no desde los privilegios del poder.

El riesgo del retroceso

La derecha (sin ética, sin proyecto y sin memoria), intenta capitalizar el dolor y la tragedia para recuperar lo que perdió: el control del presupuesto, de los medios y del miedo.
Son los mismos que saquearon Michoacán y disfrazaron su corrupción de “planes de paz”.
Los mismos que hoy, desde la manipulación mediática, buscan sembrar división, desesperanza y odio, repitiendo las tácticas de Genaro García Luna: gobernar desde el terror.

Pero el pueblo ya despertó. No podemos dar un paso atrás.
La historia nos enseña que cada intento de retroceso de la derecha se disfraza de “alternativa moderada”, pero siempre termina en lo mismo: represión, desigualdad y corrupción.

Transformar es no olvidar

Hoy, frente a la crisis que la oposición busca aprovechar, debemos reafirmar que la transformación no se negocia, se defiende con conciencia y esperanza.
México ya eligió su rumbo: la honestidad como principio de gobierno, la transparencia como escudo, y el amor al pueblo como fuerza de transformación.
Porque quien olvida la historia está condenado a repetirla, pero quien la entiende, la transforma para no volver jamás al pasado.