Por Arturo Cuitlahuac Pérez
En una columna anterior hablé de los 13.4 millones de mexicanos que entre 2018 y 2024 dejaron la pobreza multidimensional y de una paradoja que comienza a enfrentar la izquierda: cuando las condiciones materiales cambian, también cambian las preocupaciones.
Y me lleva a tener que decirlo con calma pero lo más claro posible.
La inseguridad se ha convertido en uno de los grandes territorios de disputa electoral en América Latina. Las nuevas derechas han encontrado en el crimen, el desorden y la amenaza al patrimonio un mensaje extraordinariamente eficaz: no importa solamente cuánto has conseguido; importa convencerte de que alguien puede quitártelo.
Ese fenómeno está avanzando en distintos países latinoamericanos y, desde mi perspectiva, en Michoacán ya encontró rostro, símbolo y territorio: Grecia Quiroz, el sombrero y Uruapan
, convirtiendo la percepción en política.
Primero hay que reconocer la realidad, Uruapan tiene un grave problema de inseguridad.
Al cierre de 2025, 88.7% de su población adulta consideraba inseguro vivir en la ciudad, colocándola entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país.
Y precisamente por eso Uruapan es un escenario político extraordinariamente fértil, diríamos en mercadotecnia; un nicho de áreas de oportunidad.
Durante el gobierno de Carlos Manzo se construyó una narrativa muy poderosa alrededor de la seguridad: patrullajes, operativos transmitidos en vivo, recorridos, confrontaciones públicas y una presencia permanente del presidente municipal encabezando personalmente acciones policiales.
La imagen funcionó: un alcalde en la calle, una patrulla, un sombrero, una transmisión en vivo. Bueno, la sensación de que alguien estaba poniendo orden.
Pero existe una diferencia enorme entre producir una sensación de seguridad y producir resultados en seguridad.
Y ahí es donde tenemos que comenzar a hacer preguntas incómodas.
Si aquella estrategia era tan efectiva como su narrativa hacía parecer, ¿por qué Uruapan terminó en 2025 con 88.7% de percepción de inseguridad?
¿Cuánto disminuyó realmente la extorsión?
¿Cuántas estructuras criminales fueron desarticuladas desde el municipio?
¿Cuántos generadores de violencia fueron detenidos?
¿Cuánto disminuyeron los homicidios?
¿Cuánto territorio recuperó realmente la autoridad?
Porque un patrullaje puede producir miles de reproducciones. Y una transmisión puede producir sensación de autoridad.
Sin duda, un video puede construir liderazgo.
Pero ninguna de esas cosas, por sí misma, constituye una política de seguridad.
El espectáculo también produce seguridad… pero emocional.
Aquí está, para mí, una de las claves del fenómeno.
No necesariamente tienes que resolver un problema para conseguir que una parte de la población perciba que estás luchando contra él. Tienes que representar convincentemente la lucha, y las redes sociales son extraordinarias para hacerlo.
Un presidente municipal arriba de una patrulla produce una imagen mucho más poderosa que diez agentes de investigación revisando información durante seis meses.
Una persecución transmitida en vivo emociona más que una investigación financiera.
Un gobernante confrontando delincuentes genera más reproducciones que una carpeta judicial.
La seguridad institucional suele ser silenciosa, la seguridad política necesita cámaras, y Carlos Manzo comprendió extraordinariamente bien esa diferencia, y no, no estoy diciendo que no haya enfrentado al crimen.
Estoy preguntando algo distinto:
¿El resultado estuvo a la altura de la narrativa?.
Porque son cosas diferentes, y hoy esa narrativa sobrevivió incluso a su creador.
Pasemos ahora de Carlos Manzo a Grecia Quiroz.
El asesinato de Carlos Manzo fue una tragedia, eso es indiscutible. Pero las tragedias políticas también producen símbolos, y los símbolos pueden convertirse en un capital electoral extraordinariamente poderoso.
Grecia Quiroz no heredó únicamente la presidencia municipal de Uruapan, heredó un movimiento, un sombrero, una base social, una narrativa de confrontación, el recuerdo de su esposo, y heredó algo todavía más poderoso:
el dolor y la indignación de una sociedad.
Ahí es donde debemos dejar de analizar solamente a la viuda de Carlos Manzo y comenzar a analizar a la figura política Grecia Quiroz.
Porque son cosas completamente distintas; una merece toda la solidaridad humana. La otra debe someterse al mismo escrutinio público que cualquier persona que gobierna o pretende gobernar.
Y desde mi perspectiva, alrededor de Grecia, comienza a construirse algo políticamente mucho más grande que Uruapan, y hay que decirlo, es la candidata que la oposición necesitaba.
La oposición michoacana tiene un problema desde hace años. Sus marcas partidistas están desgastadas. PRI y PAN cargan con una historia que dificulta presentarlos como algo nuevo frente a Morena.
Y de pronto aparece una figura que puede concentrar inconformidad sin cargar inicialmente con ninguna de esas siglas.
Una mujer, una viuda, una presidenta municipal, una tragedia, un movimiento aparentemente independiente, un símbolo fácilmente reconocible, y una bandera que ningún ciudadano puede rechazar: seguridad.
Desde mi perspectiva, Grecia Quiroz puede convertirse así, no necesariamente en la candidata que el pueblo estaba buscando, sino en la candidata que la derecha necesitaba encontrar. Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.
No necesito afirmar que exista un pacto secreto, ni una reunión, o una conspiración.
En política basta algo mucho más sencillo: que los intereses coincidan, tan simple como que la oposición necesita una figura capaz de derrotar a Morena, y el Movimiento del Sombrero necesita crecer más allá de Uruapan. Grecia necesita y quiere convertir un liderazgo local en uno estatal.
Y todos pueden encontrarse alrededor de una misma emoción: el miedo.
El miedo es electoralmente extraordinario
Porque el miedo simplifica.
No necesita explicar treinta años de narcotráfico.
No necesita discutir tráfico de armas.
No necesita explicar lavado de dinero.
No necesita diferenciar competencias municipales, estatales y federales.
No necesita hablar de fiscalías, jueces, inteligencia financiera o ministerios públicos.
Solamente necesita decir:
“No estás seguro”.
Para después:
“Yo sí puedo protegerte”.
Ahí comienza la capitalización política.
La inseguridad existe, pero una cosa es combatirla y otra convertirla en identidad electoral. Y eso es precisamente lo que estamos viendo en distintas expresiones de la nueva derecha latinoamericana: la seguridad, el orden y la amenaza se convierten en vehículos capaces de movilizar políticamente incluso a sectores que anteriormente votaban por proyectos progresistas.
Ahí está su enorme potencia electoral.
Pero, ¿Y los resultados?
Por eso debemos regresar obsesivamente a esa palabra, RESULTADOS.
Después del asesinato de Carlos Manzo hemos visto investigaciones, capturas y operaciones contra estructuras criminales realizadas mediante coordinación de autoridades federales y estatales.
- Se han producido detenciones relacionadas con su homicidio.
- Se han realizado operativos contra redes de extorsión.
- Se han detenido objetivos vinculados con estructuras criminales que operan en la región.
¿Significa eso que Uruapan ya es seguro?
Por supuesto que no, pero demuestra algo fundamental:
Combatir al crimen organizado es muchísimo más complejo que recorrer una colonia transmitiendo desde un teléfono celular.
Se requiere meses de trabajo que normalmente nunca aparecen en Facebook.
Entonces vuelvo a preguntar:
¿Qué produjo más seguridad?
¿El patrullaje transmitido o la estructura criminal desarticulada?
¿El video o la detención?
¿La narrativa o el resultado?
No deberíamos tener miedo de hacer esas preguntas.
Por eso me pareció particularmente revelador el Segundo Informe de Grecia Quiroz.
Un informe de gobierno debería ser uno de los momentos más importantes de rendición de cuentas de cualquier administración.
Pero políticamente, nuevamente, la figura de Carlos Manzo, su memoria y la exigencia de justicia ocuparon un espacio central, y a mí, en lo particular, eso me pareció profundamente cuestionable.
Porque llega un momento en el que debemos separar el homenaje de la administración.
El duelo de los resultados, y la memoria del gobierno. Y a Carlos Manzo de Grecia Quiroz, porque ella hoy gobierna Uruapan, y si mañana pretende gobernar Michoacán, tendrá que decirnos qué hizo ella. No solamente qué representó él.
El duelo no puede convertirse en programa de gobierno.
Esta quizá sea la pregunta más incómoda de toda esta discusión.
¿Cuánto tiempo puede una administración sostener políticamente la memoria de una tragedia antes de que esa memoria comience a convertirse en estrategia electoral?
Preguntarlo no significa burlarse del dolor. Significa impedir que el dolor se vuelva intocable.
Porque en democracia ninguna figura política puede convertirse en incuestionable por su historia personal.
Grecia Quiroz merece respeto por su pérdida. Pero la presidenta municipal Grecia Quiroz debe rendir cuentas.
Y una eventual candidata, Grecia Quiroz, tendrá que ser confrontada con exactamente el mismo rigor con el que ella confronta al Gobierno Federal o al Gobierno de Michoacán.
¿Cuáles son sus resultados?
¿Cuál es su proyecto económico?
¿Cuál es su estrategia estatal de seguridad?
¿Qué propone para educación?
¿Qué piensa sobre salud?
¿Qué plantea para infraestructura?
¿Qué hará con las regiones donde no existe el Movimiento del Sombrero?
Porque un símbolo puede ganar una elección, pero no necesariamente puede gobernar un estado.
Y aquí está el fenómeno que realmente me preocupa y debemos tener cuidado.
Mientras la izquierda continúa hablando principalmente de bienestar, programas sociales, salarios y derechos (todos ellos fundamentales), una parte de la derecha latinoamericana está aprendiendo a hablarle a otra zona del ciudadano. No a su esperanza, es a su miedo. Ya no te pregunta qué quieres conseguir, te pregunta ¿qué tienes miedo de perder?
Y cuando consigue que pienses en eso, inmediatamente aparece para ofrecerte protección.
Ese mecanismo es extraordinariamente poderoso. Porque una política pública necesita explicación.
El miedo solamente necesita una imagen:
Una patrulla.
Un arma.
Un delincuente.
Una víctima.
Un funeral.
Un sombrero.
Y morena no debe minimizar la inseguridad, porque el miedo no desaparece diciéndole a alguien que no debería sentirlo.
Y precisamente por eso Morena tiene que seguir disputando el terreno de la seguridad con resultados como lo han estado haciendo.
Porque después de ayudar a millones de mexicanos a mejorar sus condiciones de vida aparece una obligación todavía mayor: proteger aquello que consiguieron.
De poco sirve mejorar el ingreso de un comerciante si termina pagando extorsión o poco sirve comprar un automóvil si tienes miedo de que te lo roben.
Y si la izquierda no comprende eso, regalará a la derecha quizá la emoción electoral más poderosa que existe y su boleto dorado.
Por eso creo que lo que ocurre en Uruapan va mucho más allá de Uruapan. Puede convertirse en el ensayo de la elección de 2027.
Una figura surgida de una tragedia.
Un movimiento construido alrededor de un símbolo.
Una oposición necesitada de candidatura.
Una sociedad legítimamente preocupada por la violencia.
Y un mensaje sencillo: ten miedo y yo voy a protegerte.
Puede funcionar, y de hecho, está funcionando.
Pero precisamente por eso tenemos que comenzar a hacer las preguntas ahora. No cuando la campaña ya esté encima. No cuando las emociones hayan sustituido los datos. No cuando cuestionar a una candidata sea presentado como cuestionar la memoria de su esposo.
Hay que hacerlo hoy. Separar tragedia de gobierno. Porque Grecia Quiroz puede tener todo el derecho de aspirar a gobernar Michoacán.
Pero Michoacán tiene todavía más derecho a preguntarle:
¿qué has hecho para demostrar que puedes gobernarlo?
La próxima elección puede no disputarse únicamente entre izquierda y derecha.
Puede disputarse entre dos emociones.
La esperanza de seguir avanzando y un miedo impuesto.
Y en Michoacán la derecha parece haber encontrado ya el vehículo perfecto para intentar capitalizar la segunda.
Se llama inseguridad, su escenario es Uruapan.
Y hoy su rostro político puede llamarse Grecia Quiroz.
Quizá ahora me ganaré la respuesta de moda de este movimiento; “le tienes miedo al movimiento del sombrero”. Pero ellos no son el problema, son quienes lo abanderarán.








