Pequeña reflexión… Por Aurora Miranda.
El campeonato de Cruz Azul dejó mucho más que una alegría deportiva, también volvió a poner sobre la mesa una discusión que durante años ha existido en el fútbol mexicano, la idea de que lo extranjero representa automáticamente prestigio, mientras que el mexicano debe demostrar el doble para recibir la misma confianza.
Durante décadas, el futbol nacional construyó una especie de colonialismo simbólico, el entrenador europeo era sinónimo de sofisticación; el sudamericano, de carácter y liderazgo, el mexicano, en cambio casi siempre era visto con dudas, y cuando a esa condición se le suman rasgos o identidades asociadas con lo indígena, la barrera se vuelve todavía más evidente.
Porque en México el “indígena” sí es reconocido, pero convertido en símbolo cultural, en elemento decorativo o en parte del pasado, no como autoridad, no como estratega, no como rostro del éxito.
Por eso, resulta tan significativo lo conseguido por Joel Huiqui, a quien le costó mucho tiempo que le dieran la confianza de dirigir a La Máquina. La prensa deportiva intentó minimizarlo muchas veces, llamándolo incluso un “parche barato”, como si no tuviera el perfil para dirigir a un club grande, pero Huiqui respondió donde realmente importa, en la cancha.
Originario de Los Mochis y perteneciente a la cultura Yoreme-Mayo, Joel llegó prácticamente solo y siendo muy joven a La Noria, Ahí se formó, creció y se convirtió en sangre azul pura. Sin tanto ruido, sin entrevistas sofisticadas ni protagonismo mediático, terminó entregándole a Cruz Azul su décima copa de la victoria.
Y quizá ahí está lo verdaderamente importante de esta historia. No sólo en el título, sino en lo que representa. Porque mientras México se prepara para recibir partidos de la 2026 FIFA World Cup y mostrar al mundo sus raíces, sus tradiciones y su diversidad cultural, todavía existen sectores que se incomodan cuando el éxito tiene un rostro distinto al que históricamente estaban acostumbrados a reconocer.
Tal vez el verdadero partido que se está jugando no está únicamente en la cancha. Está en decidir quién tiene permiso de representar el triunfo en México, así como el éxito y el liderazgo.








