Por Celfia Duarte Casarez
Historia y advertencia: la intervención nunca libera, administra
En América Latina, la historia nos enseña una lección tan clara como dolorosa: nadie debe confundirse. Las intervenciones extranjeras nunca llegan con el fin de liberar pueblos; más bien, llegan para administrar territorios, saquear recursos y someter voluntades. México lo aprendió a fuego en el siglo XIX, cuando Estados Unidos usurpó más de la mitad de nuestro territorio, convirtiendo la guerra en negocio y la diplomacia en despojo. Esa lección se repite con cada intromisión en nuestras decisiones internas, con cada decreto económico que condiciona nuestra soberanía y con cada amenaza militar disfrazada de “combate al crimen organizado” o “defensa de la democracia”.
Esa memoria no es romántica ni victimista: es política. Sirve para entender por qué la soberanía es un principio innegociable y por qué los pueblos que renuncian a ella terminan pagando la factura con sangre, recursos y dignidad.
La derecha apátrida: Anaya, Cortés, Téllez y Bautista Tafolla
Por eso resulta tan alarmante y tan indignante escuchar a ciertos personajes de la derecha mexicana suplicar la intervención de Washington, como si el pueblo mexicano no tuviera capacidad histórica ni dignidad política para resolver sus propios problemas. En días recientes, y no por primera vez, voces como Ricardo Anaya, Marko Cortés, Lili Téllez o incluso el diputado Carlos Bautista Tafolla en Michoacán se han sumado, abierta o implícitamente, al coro entreguista que celebra las acciones de Trump en Venezuela y sueña con que Estados Unidos “ponga orden” en México.
Ese entreguismo no es ingenuo: es ideológico. Se trata de una derecha que cree que la soberanía es un estorbo, que la patria es un trámite y que la democracia se alquila al mejor postor. Una derecha satisfecha con fungir como agencia subcontratada del imperio a cambio de migajas y garantías comerciales. No sorprende: el PAN y el Movimiento del Sombrero nacieron con vocación empresarial y elitista; la extrema derecha contemporánea solo prolonga ese linaje, pero sin pudor ni elegancia.
Soberanía o colonia: lo que está en disputa
Lo grave es que, hoy, en un contexto donde Estados Unidos vuelve a ensayar intervenciones en América Latina bajo el viejo pretexto del orden, aparezcan actores mexicanos legitimando ese discurso, celebrando sanciones, bloqueos o ataques militares en países hermanos. La historia nos advierte que las intervenciones jamás llegan para defender a los pueblos, sino para disciplinarlos. No liberan, administran. No crean democracias, crean dependencias. No exterminan al crimen organizado, lo gestionan.
Por eso las súplicas de la derecha no son solo antipatrióticas: son profundamente apátridas. No solo traicionan la memoria histórica, traicionan el proyecto latinoamericanista y la posibilidad de que México ejerza su poder soberano en el siglo XXI.
Recordar a Bolívar y Morelos no es nostalgia: es advertencia
Recordar a Simón Bolívar, el Libertador de nuestra América, y al Generalísimo José María Morelos y Pavón, no es caer en anacronismos; es traer al presente ideas fundamentales sobre libertad y soberanía que siguen siendo guía hoy. Como dijo Morelos: “La soberanía dimana inmediatamente del pueblo”. Y como afirmó Bolívar, “Amo la libertad de América más que mi gloria propia, y para conseguirla no he ahorrado sacrificios”.
Esos principios de autodeterminación y unidad la soberanía como derecho irrenunciable de los pueblos, la unión como fuerza contra el dominio externo son más necesarios que nunca. Bolívar también nos recordó que “La unidad de nuestras naciones es el glorioso futuro de nuestros pueblos”.
México no necesita intervención extranjera. México necesita soberanía, justicia social, Estado fuerte e integración continental entre iguales. Rechazar toda forma de tutela imperial es defender nuestra historia, nuestra dignidad y nuestro futuro. Intervenir en los asuntos de otros pueblos solo reproduce el viejo ciclo colonial que tanto ha costado romper.
La patria no se vende ni se entrega: se defiende del invasor extranjero y del traidor que le abre la puerta.








