Por Tacho Ledesma
Este domingo no fue como los demás. Mientras unos aprovechaban para ir al mercado, ver el fut o echarse una carnita asada, otros estaban redactando su carta de renuncia. Tal fue el caso del aún (bueno, hasta el 20 de agosto) Fiscal General del Estado de Michoacán, Adrián López Solís, quien decidió bajarse del barco en medio de aguas turbulentas.
En su comunicado, muy institucional, claro, don Adrián hizo una especie de balance: que si los avances, que si los retos, que si la coordinación interinstitucional, que si la justicia con resultados tangibles. Una despedida elegante, sin llorar. Pero también con una confesión: “nos faltó, y nos sigue faltando”. O lo que es lo mismo: “Hice lo que pude, pero ahí se los encargo, porque esto está canijo”.
Lo que no dijo, pero ya todos en los pasillos de Palacio y del Congreso cuchichean, es lo que realmente viene: Carlos Torres Piña, actual Secretario de Gobierno y político de carrera con más vueltas que la Feria de Uruapan, es el favorito para ocupar la silla de la Fiscalía. Y lo que antes eran rumores, ahora ya huelen más a boletín oficial que a chisme de café.
Este movimiento, además, sacude el tablero político rumbo a 2027, particularmente en Morelia, donde Torres Piña pintaba como la carta fuerte de Morena para la alcaldía. Si se va a la Fiscalía (con fuero, poder y más reflectores), entonces se abre la jaula… ¡y los aspirantes ya están afilando colmillos! Que no se nos olvide que en Morena las pasiones se desbordan más rápido que en una tómbola de feria.
Y hablando de pasiones desbordadas, no podía faltar el siempre combativo, siempre oportuno, y siempre polémico Fidel Calderón Torreblanca, quien aprovechó la coyuntura para recordarnos que, en seis años con Adrián López al frente de la Fiscalía, nunca prosperó ni una sola de las muchas denuncias contra el exgobernador Silvano Aureoles.
-¡Sopas!- diría el clásico.
Eso sí, lo dijo con esa mezcla de solemnidad y sospechosa corrección política que lo caracteriza, la misma que le ha ganado algunas risas entre pasillos por su etapa como diputado “LGBTQ+”, que, sin meternos en camisas de once varas, dejó más dudas que arcoiris.
Así las cosas en Michoacán: un fiscal se va, un secretario suena, una candidatura se tambalea, y la política, como siempre, no perdona el vacío. Lo único claro es que la grilla ya está servida, y lo que viene será una de esas carnicerías políticas donde hasta los veganos se quitan el sombrero.
¿Quién gana con esto? ¿Quién se sube al ring? ¿Y quién se queda viendo desde la barrera?
Lo sabremos pronto, pero por lo pronto…
¡Pásenme las palomitas!








