7 de septiembre de 2025.– El Zócalo capitalino volvió a vibrar como pocas veces. Con un lleno monumental de 180 mil personas, el cantautor puertorriqueño Residente convirtió la plancha más emblemática del país en un epicentro de música, denuncia y solidaridad.
Desde el folclor que inunda las calles del Centro Histórico hasta las rimas combativas del rap, la noche fue un encuentro entre tradición y revolución. René Pérez Joglar, como pocos artistas en el mundo, hizo del hip hop un megáfono que exigió justicia para Palestina y reivindicó la educación pública, la memoria de Ayotzinapa y el derecho a la vida.
El poder de la palabra y la música
Entre temas clásicos y estrenos, Residente regaló un viaje íntimo y político. “No hay nadie como tú” puso a brincar a los miles de presentes, mientras que “Ojos color Sol” se volvió un respiro de ternura colectiva. La intensidad se elevó cuando compartió que, en un momento oscuro vivido en México, pensó en rendirse. “Me esperaba la gente de los 43 de Ayotzinapa y me salvó la voz de mi madre”, confesó antes de interpretar “René”, biografía cantada que arrancó lágrimas y un rugido de apoyo: “¡No estás solo!”.
La emoción se mezcló con la poesía cuando presentó a su banda estelar: Elías en la guitarra, Zara y Helen en los chelos, Leo Genovese en el piano, Danny Díaz en los timbales y Kianí Medina en las voces. Una fusión poderosa que incluso incluyó una introducción con una pieza gazatí, interpretada como ofrenda a la resistencia palestina.
El clamor de Palestina en el corazón de México
El momento más fuerte llegó cuando Residente subió al escenario a la familia de Gaza recientemente recibida por el gobierno mexicano. La pequeña hija de esa familia rompió el aire con un grito: “¡Paren el genocidio!”. En segundos, la muchedumbre respondió al unísono: “¡Palestina libre, Palestina libre!”.
Residente no titubeó: “Hay que presionar a nuestros gobiernos hasta que detengan esa masacre. Los matan de hambre y los bombardean. Esto trasciende la política y la religión”.
El tema “Guerra” estalló con fuerza mientras las banderas palestinas ondeaban sobre la multitud.
Fiesta, memoria y revolución
Durante más de dos horas, Residente mezcló rap, reguetón y ritmos latinos, haciendo del Zócalo un espacio de libertad y catarsis colectiva. Entre consignas, saltos y lágrimas, la consigna fue clara: la música también es resistencia.
La noche cerró con un mensaje simple y contundente: “Disfrutemos la vida, pero no olvidemos a quienes hoy no pueden hacerlo”.
Residente se despidió dejando claro que su voz no solo canta: también grita, denuncia y convoca.








