Por Arafi Arroniz
Administrar justicia es uno de los actos centrales del poder público, los otros son hacer leyes y llevar las riendas del gobierno, gobernar bien es procurar que se imparta justicia de acuerdo con las necesidades de las sociedades.
En todas las civilizaciones se ha ejercido el poder público y se ha establecido cierta organización judicial, desde la antigüedad hasta nuestros días. La historia entonces nos permite observar que la buena administración de justicia garantiza la estabilidad de los sistemas de gobierno, y cuando estos entran en decadencia se aprecia inmediatamente como la justicia no fluye adecuadamente.
La elección a la cual estamos a días de encarar, no solamente presupone la autonomía democrática del del poder judicial, si no que supedita la administración de justicia al acatamiento de leyes creadas en un ámbito también autónomo, el Legislativo, a la Vez se espera que las decisiones judiciales estén completamente desvinculadas de decisiones de tipo político, es así como los jueces y magistrados pasan a igualdad de condiciones y sin distinciones ni diferencias entre ellos a ser parte del proceso democrático y con ello a encarar al electorado de frente y no solo desde los juzgados.
Es así como la democracia debe estar presente en dicho proceso, desde su elección hasta su ratificación, (revocación de mandato) misma que no es reciente, si no que data desde la Constitución de Cádiz, la cual produjo también muchos cambios nivel local en la administración de justicia en primera instancia, para dicha organización se estableció la instalación de un sistema de jueces letrados de partido. Para ello se tendría que formar un partido por cada 5 mil habitantes.
En ese entonces en Ciudad de México fueron creados seis partidos judiciales al igual que ahora, el problema eran citar a elecciones, (con todo y sus procesos históricos y con el surgimiento de insurrecciones) cabe destacar que en ese entonces partido era igual a algo así como distrito judicial.
A días de esta histórica elección de ministros, magistrados y jueves, la elección actual y las campañas que ya están en marcha, son hasta ahora ausentes de en todo sentido de participación y cercanía al pueblo, pareciera que las reglas establecidas para dicha elección estén diseñadas para limitar la participación de todas las personas, dejando esta participación acotada a solo a sectores con acceso a distintos medios de comunicación pero alejado de aquellos sectores donde no se tiene noción de las llamadas redes sociales.
Además, en la llamada era digital, donde para nada se tomaron en cuentas los mecanismos de participación expuestos en la reforma electoral en el sexenio pasados y que permitiría al electorado un panorama más eficiente y más dinámico a la hora de emitir el voto, la elección de más de 830 cargos a nivel nacional seguirá siendo a través de boletas (en algunos estados hasta 11 boletas por votante y ni hablar de la trasparencia a la hora del conteo de los sufragios.
Nos toca entonces como ciudadanos ser creativos para darnos cuenta de quienes son candidatos y de sus propuestas y no viceversa como históricamente ha sido y tampoco es culpa de las y los candidatos, es que tampoco soy muy claras las reglas de participación, o si son claras están muy acotadas y poco dejan a la creatividad,
Otra actividad que deja un mal sabor de boca, es el desconocimiento de las y los candidatos de las reglas de participación, las limitaciones, las herramientas y los procesos de difusión a las cuales tiene derecho, lo cual abre paso a la mala o buena interpretación de las reglas, pero a demás abre paso a la posibilidad de nuevos procesos de organización por parte de los interesados en dicho poder y me refiero a que la legislación mexicana en materia electoral da apertura a la necesidad de la creación de partidos (judiciales en este caso) para responder a la necesidad y a la ausencia de participación en dicha elección. Desde luego habría que añadir las complejidades de fusionar grupos políticos en un país tan extenso y convulsionado por su historia política respecto de la creación de dicho poder.
Es así como después de tantos años del ejercicio democrático en México, es muy cuestionable, que se tomen como ejercicio base, (esos que nos llevaron a varios fraudes) los primeros métodos de participación ciudadana y que permiten que todo candidato con más afinidad política (por que hay que decirlo) le permita la “negociación” política par movilizar a más número de personas para poder triunfar el día de la elección, es decir la elección por debajo del agua se partidista mucho más de lo que estaría permitido, puesto que el método de participación deja que la integración de grupos políticos, que compartían ideas y proyectos, organizados a manera de asociaciones, con sus estructuras latentes y puestas al mejor postor, sin importar estatutos y a amanecer de sus liderazgos corporativos. No quiero decir que son necesarios los partidos políticos, si no que abre la puerta a la conformación de estos, derivado de las limitaciones entorno a la difusión de los aspirantes.
Como ciudadanos habrá que emplearnos en la difusión de los mecanismos de participación, de difundir a los candidatos que creemos mejor preparados, es decir campañas ciudadanas de difusión y de participación, y velar por que el mecanismo de conteo por parte del instituto sea trasparente pues deja mucho que desear al no llevar a acabo el conteo desde las casillas es mismo día de la elección.
El ciberespacio no es un territorio neutral, ni un vacío ideológico