Por Alejandro Castañeda
Pátzcuaro, Michoacán, 7 de agosto de 2026.- Hay lugares donde el deporte forma parte de la vida cotidiana. En Urandén de Morelos, una comunidad asentada en el Lago de Pátzcuaro, remar no es solamente una disciplina deportiva: es parte de una historia, de una forma de vida y de una relación ancestral con el agua.
Desde ese territorio, el canoísta Guillermo Quirino Medrano volvió a llevar el nombre de Michoacán hasta un escenario internacional y conquistó dos medallas de plata para México en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
La primera llegó en la prueba C1-1000 metros, donde el michoacano cruzó la meta con un tiempo de 4:16.02 minutos, para quedarse con el segundo lugar, detrás del cubano José Pelier Córdova.
Pero la jornada todavía tenía reservado otro momento para Quirino. Junto con Ximena Aparicio, integró la dupla mexicana que obtuvo la medalla de plata en la final de C2-500 metros mixto, con un registro de 2:02.02 minutos. La pareja mexicana terminó solamente detrás de Cuba, en una prueba que confirmó el nivel competitivo alcanzado por los representantes nacionales.
Las dos preseas tienen un significado que trasciende el resultado deportivo. Representan también la historia de un joven michoacano que encontró en la canoa una forma de construir su futuro y que, con el paso de los años, convirtió aquella actividad cotidiana en una disciplina de alto rendimiento.
La propia historia de Quirino está ligada a Urandén. La comunidad, ubicada en el Lago de Pátzcuaro, tiene una larga tradición vinculada a la pesca y al uso de la canoa como medio de transporte. En una semblanza publicada por la CONADE, el deportista relató que desde niño remaba para trasladarse y que esa experiencia terminó convirtiéndose en una de las bases de su vocación deportiva.
Por eso, sus medallas en Santo Domingo no son únicamente una estadística más en el medallero mexicano. Para Michoacán representan el resultado de una trayectoria construida desde una comunidad lacustre y muestran cómo las tradiciones locales pueden convertirse también en una fuente de talento deportivo.
En el caso de Guillermo, el doble podio confirma su lugar entre los exponentes mexicanos más destacados de la especialidad y mantiene viva una historia familiar ligada al canotaje. El propio deportista es familiar de José Everardo Cristóbal Quirino, una de las figuras históricas del canotaje mexicano.
Para Urandén, para Michoacán y para México, sus dos medallas representan mucho más que plata: son el testimonio de que el talento también nace en las comunidades y de que, cuando encuentra disciplina, acompañamiento y oportunidades, puede llegar tan lejos como la fuerza de una buena remada.








