Por Celfia Duarte Casarez
Khaled Juma – Oh, traviesos niños de Gaza
Oh, traviesos niños de Gaza.
Ustedes, que constantemente me molestaban
con sus gritos bajo mi ventana.
Ustedes, que llenaban cada mañana
con emoción y caos.
Ustedes, que rompieron mi florero
y robaron la única flor de mi balcón.
Vuelvan,
y griten cuanto quieran,
y rompan todos los floreros.
Róbense todas las flores.
Vuelvan.
Sólo vuelvan…
Navidad bajo ocupación. La historia que se repite.
La Navidad no es una postal, es una herida abierta en la historia. Nos habla de un niño perseguido por el poder, de una familia obligada a huir para sobrevivir. Herodes ordenó matar a los niños de Belén para conservar su trono. Dos mil años después, el guion se repite con otros nombres y las mismas excusas: seguridad, orden, paz.
Si Jesús naciera hoy, no nacería entre luces y villancicos. Nacería en Gaza, bajo drones, sin agua, sin refugio. Y volvería a huir.
Dios también llora en Gaza
En nombre de la paz se bendijo la guerra. En nombre de Dios se justificó la muerte. Se habló de “daños colaterales”, como si la infancia pudiera ser un error aceptable. Pero ningún Dios del amor habita en los escombros de hospitales bombardeados ni en el silencio de los cementerios improvisados.
Dios no está del lado del poder que mata; está con las madres que lloran, con los niños que ya no gritan bajo ninguna ventana.
Matanza de los niños: Herodes sigue vivo
El Evangelio es claro: Herodes mata niños. Hoy, la historia continúa. A inicios del mes de septiembre de este año, el Ministerio de Salud de Gaza reportó más de 64,700 personas asesinadasdesde el inicio del conflicto y más de 163,000 heridas. Cerca de la mitad son niños y mujeres. Más del 90% de la población ha sido desplazada. (Palestine news & info agency).
La Organización Mundial de la Salud advierte que hacia abril de 2026 más de 100,000 niñas y niñosy 37,000 mujeres embarazadas y lactantes sufrirán desnutrición aguda. El hambre también es un arma. Mata lento.
Memoria y dignidad
Desde una mirada de una mujer calentana y de izquierda, callar no es neutralidad: es complicidad. Defender al pueblo palestino no es odio, es humanidad. No es ideología vacía, es una posición ética frente al colonialismo, al castigo colectivo y a la deshumanización sistemática.
Cuando la vida de un niño vale menos que un discurso de “seguridad”, el sistema entero está moralmente derrotado.
Navidad: amor que confronta
Mientras en México celebramos la Navidad con mesas llenas de comida y piñatas, Palestina sobrevive entre ruinas. No para culpar la alegría, sino para incomodarla. Porque la Navidad no es consumo, es conciencia. Es ponerse del lado del perseguido.
Que esta Navidad no bendigamos la guerra. Que no repitamos el pecado de Herodes. Amar al prójimo, hoy, se llama Palestina. Y el amor verdadero nunca es cómodo, es solidario, es valiente y confronta al poder imperialista de Israel y Occidente.








