Por Celfia Duarte Casarez
La cena navideña, gastos y desigualdad
La temporada navideña en México no solo es un momento de celebración, es una presión económica que recae sobre los hombros de la mayoría. Estudios de organizaciones empresariales estiman que una cena de Navidad para una familia promedio cuesta entre 3 500 y 4 000 pesos, sin contar los regalos ni reuniones ampliadas que pueden elevar el desembolso considerablemente (CONCANACO-SERVYTUR, 2024). Para millones de hogares, eso representa semanas de gastos en alimentación y servicios básicos, sin mencionar la eliminación de jornadas laborales por compras y preparativos.
Este no es un asunto de “tradición cara”, sino una muestra de la desigualdad estructural que precariza la vida cotidiana. La cultura del consumo se impone como norma, mientras quienes sostienen los hogares deben equilibrar salarios estancados con expectativas sociales de celebración. Y en ese equilibrio casi imposible, las mujeres suelen ser las que ajustan, compran, cocinan y organizan bajo presión.
Mujeres jefas de hogar y la carga del cuidado
En México, aproximadamente el 30 % de los hogares están encabezados por mujeres, lo que equivale a que una de cada tres familias tiene a una mujer como principal responsable económica y administrativa de su unidad familiar (UNAM Global, 2023). Esto no solo significa sostener ingresos, sino también gestionar el cuidado diario, las compras grandes como la cena navideña y la distribución del presupuesto entre múltiples necesidades.
Silvia Federici lo ha expresado: “el trabajo de cuidados es fundamental para el capitalismo, siendo la base invisible que sostiene la vida y la reproducción de la fuerza de trabajo” (Federici, 2023). Esta frase ilumina una realidad: el trabajo de cuidados preparar la comida, organizar la convivencia familiar, atender a niñas, niños y personas mayores sigue siendo invisible y no remunerado, aunque sea esencial para la reproducción de la vida y la economía.
La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados indica que la gran mayoría de quienes realizan trabajo de cuidados son mujeres, un 75.1 % de las personas cuidadoras, lo que refleja una brecha de género persistente (INEGI, 2024). Esta desigualdad no solo limita su salud y bienestar, sino también su participación plena en el mercado laboral y su autonomía económica.
Sistema Nacional de Cuidados, reformas urgentes
Ante esta desigualdad estructural, la presidenta Dra. Claudia Sheinbaum ha puesto en la agenda la creación progresiva del Sistema Nacional de Cuidados, con el objetivo de reconocer, reducir y redistribuir las tareas de cuidados que recaen principalmente en mujeres (Gobierno de México, 2025). Esta propuesta se articula en el nuevo Anexo Transversal 31 “Consolidación de una Sociedad de Cuidados”, parte del Proyecto de Presupuesto de Egresos 2026, que busca garantizar el acceso a servicios de cuidado efectivos y avanzar hacia un sistema nacional que converja políticas públicas, sociedad civil y sector privado (Gobierno de México, 2025).
Pero este avance no ha sido fácil ni rápido. La discusión legislativa y presupuestaria enfrenta resistencias y retrasos, aunque su inserción en la política pública federal marca un cambio significativo respecto al pasado neoliberal que desatendía estas problemáticas. Para una izquierda consciente, este no es solo un programa social, es una reforma estructural que reivindica el valor del trabajo de cuidados y su reconocimiento como bien público. Solo así podremos celebrar una Navidad donde la igualdad y la justicia estén más cerca de la mesa familiar.








