Cerimedo y la derecha tecnofascista en América Latina

Por Celfia Duarte

1. El poder de la narrativa de Argentina a Bolivia

Fernando Cerimedo no es un político de los que salen a pedir el voto en una plaza. Es otra cosa: un estratega de comunicación política que ha sabido moverse detrás de algunos de los proyectos más importantes de la nueva derecha latinoamericana. Su nombre aparece ligado a Javier Milei, Jair Bolsonaro y, más recientemente, al entorno político boliviano.

Lo interesante de Cerimedo no es solamente lo que dice, sino cómo lo dice y cómo consigue que esas ideas circulen. Su apuesta está en las redes, en los medios propios y en mensajes sencillos que apelan directamente al enojo de la gente: “la casta”, “los corruptos”, “los comunistas”, “los enemigos de la libertad”. No hace falta explicar un país entero; basta con encontrar un culpable.

En Brasil vimos uno de los ejemplos más claros. Después de la derrota de Bolsonaro en 2022, Cerimedo difundió la idea de que las elecciones habían sido robadas, sin presentar pruebas suficientes que demostraran un fraude. La duda, sin embargo, ya estaba sembrada. Y cuando una mentira se repite miles de veces, termina compitiendo con los hechos.

Hoy, su nombre vuelve a estar en el centro de la discusión después del ataque contra su expareja, Nadia Beller, quien sobrevivió a varios disparos y lo señaló como presunto responsable intelectual. Cerimedo fue detenido e imputado en Bolivia por tentativa de feminicidio, acusación que su defensa rechaza.

2. México: de la “narcoizquierda” a la batalla por el sentido común

Y entonces llegamos a México.

Aquí aparece La Derecha Diario México, Javier Negre, Ricardo Salinas Pliego y un discurso que cada vez escuchamos con mayor frecuencia: “narcoestado”, “narcopartido”, “narcopresidenta”.

No estoy diciendo que toda crítica al gobierno sea una operación de Cerimedo. Eso sería tan simplista como aquello que estamos cuestionando.

Pero sí hay algo que merece nuestra atención: existe una red de medios, comunicadores, empresarios e influencers que comparte una narrativa profundamente confrontativa contra la Cuarta Transformación. Y dentro de esa narrativa, la asociación entre Morena, el gobierno y el narcotráfico se repite una y otra vez.

El problema no es investigar posibles vínculos entre política y crimen organizado. Eso debe hacerse siempre, gobierne quien gobierne. El problema aparece cuando una acusación sustituye a la prueba y una etiqueta termina funcionando como sentencia.

Porque decir “narcopresidenta” no demuestra nada. Es una consigna. Y las consignas, cuando se repiten suficiente, pueden terminar pareciendo hechos.

La izquierda debería tomar muy en serio esta batalla. No para responder mentira con mentira, sino para recuperar algo que hemos dejado demasiado tiempo en manos de otros: la capacidad de contar nuestra propia historia y disputar el sentido común.

Porque quizá la batalla política que viene no se gane solamente con votos.