Por Alejandro Castañeda
Morelia, Michoacán, 14 de septiembre de 2026.- Cada año se consumen millones de botellas de plástico de un solo uso en el mundo. Muchas terminan en rellenos sanitarios, calles, ríos y mares. Frente a este problema, Escocia ha impulsado una medida sencilla: facilitar que las personas puedan rellenar gratuitamente sus propias botellas con agua potable.
La empresa pública Scottish Water puso en marcha desde 2018 las llamadas Top Up Taps, fuentes ubicadas en espacios públicos y zonas de tránsito. La propuesta parte de una idea elemental: si las personas tienen acceso a agua potable gratuita, disponible y cercana, pueden dejar de depender de la compra de agua embotellada.
Lo interesante del modelo no está en su complejidad tecnológica. Al contrario, su fortaleza consiste en utilizar infraestructura pública para modificar un hábito cotidiano: comprar, consumir y desechar una botella.
De acuerdo con los datos difundidos sobre el programa, las fuentes han contribuido a evitar el uso de millones de botellas desechables. Sin embargo, más que hablar de una solución definitiva a la crisis del plástico, sería más preciso considerarlo como una política pública que contribuye a enfrentar uno de sus componentes: el consumo de envases de un solo uso, consideran expertos en la materia.
La experiencia también plantea una reflexión para México. En muchas ciudades existen parques, plazas, mercados, universidades, instalaciones deportivas y otros espacios públicos donde podrían instalarse puntos de abastecimiento de agua potable, siempre que se garantice su calidad, mantenimiento y accesibilidad, destacan.
La propuesta adquiere otra dimensión cuando se observa desde los derechos humanos. El acceso al agua potable no debería depender exclusivamente de la capacidad económica para comprar una botella. Garantizar agua segura y accesible en el espacio público puede contribuir tanto al ejercicio del derecho humano al agua como a la protección del medio ambiente.
Además, una política de este tipo podría acompañarse de campañas para promover el uso de recipientes reutilizables y reducir progresivamente los plásticos de un solo uso.
La lección de Escocia, entonces, quizá no sea que una llave de agua puede resolver por sí sola la crisis del plástico. La enseñanza es más sencilla y, al mismo tiempo, más profunda: algunas políticas públicas eficaces comienzan por hacer accesible aquello que queremos que la sociedad utilice.
Si queremos reducir las botellas desechables, una de las preguntas que vale la pena hacerse es muy concreta: ¿por qué no facilitar el acceso al agua potable en nuestros propios espacios públicos?








