¿Qué necesita la izquierda para mantenerse en el poder?

Por Sol Ineira

Apreciable lector: si usted tiene alguna afinidad con el proyecto de la Cuarta Transformación, seguro ha tenido más de una vez la conversación de director técnico, en la que uno explica desde la grada cómo se debieron resolver las cosas. Si no la tiene, la pregunta es más directa: ¿Qué haría usted si fuera Presidente de México?

En 2018, Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de México con más de la mitad de los votos, la elección más contundente en décadas. Su triunfo fue parte de una ola que durante veinticinco años ha llevado a la izquierda a la presidencia en casi toda América Latina: México, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Uruguay, Venezuela y Nicaragua, con Cuba gobernada por el mismo proyecto desde mucho antes.

Ganar esa ola dejó resultados reales. Lula sacó de la pobreza a decenas de millones de brasileños con Bolsa Família. Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos de Bolivia y llegó a ser, por primera vez, un presidente indígena en Palacio Quemado. Rafael Correa multiplicó la inversión pública en Ecuador. Gustavo Petro llegó en 2022 a ser el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia. El Frente Amplio gobernó Uruguay con estabilidad durante tres periodos seguidos.

Pero ganar tampoco garantizó quedarse.

Dilma Rousseff fue destituida en 2016 por un Congreso que nunca fue mayoría suya. A Lula lo metieron preso dos años después, aunque volvió a la presidencia en 2022. A Evo Morales lo sacaron de Bolivia en 2019 tras una elección impugnada y el retiro del respaldo militar, aunque su partido recuperó el gobierno al año siguiente. Correa terminó condenado en ausencia y su proyecto fuera del poder. El kirchnerismo perdió en 2015, volvió en 2019 como vicepresidencia de Alberto Fernández, y en 2023 Argentina eligió a Javier Milei.

¿Qué se necesita entonces para no repetir esa historia? ¿Mano dura? ¿Cerrar el Congreso, callar a la prensa, gobernar por decreto hasta que ya no haga falta ganar una elección para seguir mandando?

La respuesta está en los dos países que más se usan para espantar a la izquierda, y que también llevan más tiempo resistiendo el cerco de Washington por seguir siéndolo. Cuba sostiene su proyecto desde 1959 bajo el bloqueo económico más largo y más duro que Estados Unidos le ha impuesto a un país, y en 2026 eso se siente como pocas veces: más de veinte días sin luz solo en septiembre, un zoológico cerrado por falta de agua y electricidad, el papa León XIV rezando en público por la isla, casi 250 mil personas que emigraron en 2025 según cifras oficiales. En más de sesenta años, el bloqueo no ha logrado lo único que buscaba desde el principio: tumbar al gobierno.

Venezuela resistió sanciones, aislamiento y conspiraciones durante más de una década, hasta que el 3 de enero de 2026 Estados Unidos consiguió por la fuerza lo que no había logrado por ninguna otra vía: una operación militar secuestró a Nicolás Maduro y se lo llevó. Hoy gobierna Caracas un gobierno interino, con Washington fijando los plazos de la transición y abriendo ya el petróleo venezolano a la inversión privada, lo mismo que Chávez pasó años nacionalizando.

Resistir el cerco durante años no evitó que, al final, el imperio recurriera a la fuerza. Ahí está el verdadero costo de sostener una alternativa de izquierda frente al país más poderoso del mundo, y la prueba de que ningún proyecto puede depender de una sola persona para resistirlo.

Lo que sí sostuvo a algunos proyectos fue la organización y la mirada al futuro que sobrevive al que la encabeza. Lázaro Cárdenas repartió 18 millones de hectáreas entre campesinos organizados en ejidos, y esa organización siguió sosteniendo el proyecto décadas después de que él dejara la presidencia. El Frente Amplio uruguayo construyó un partido de partidos que no dependía de una sola figura. Bolsa Família sigue viva en Brasil aunque hayan pasado seis presidentes desde que se creó.

A pesar de eso, casi todos los medios grandes de la región son privados y casi todos, históricamente, le han hecho campaña a la derecha. O Globo contra Lula, El Mercurio contra Allende, Clarín contra el kirchnerismo.

Entonces ¿Qué necesita la izquierda para mantenerse en el poder?

Lula responde ahora mismo a esa pregunta. El 4 de octubre quedó segundo en la primera vuelta, detrás de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente preso por intentar anular su derrota de 2022, y entra a una segunda vuelta el 25 de octubre que las encuestas marcan empatada. Es la misma marea de derecha que ya ganó terreno en el resto de la región, tocando ahora la puerta del país más grande de América Latina. Ahí está la urgencia de pensar en serio, desde ahora, cómo construye México ese mismo blindaje camino al 27 y al 2030.