Por Sol Ineira
Esta semana el centro de datos TRAC, de la Universidad de Syracuse, publicó el corte del año fiscal 2026: 160,029 órdenes de deportación contra mexicanos, más que contra ninguna otra nacionalidad. Hondureños y guatemaltecos rondan los 89 mil y 87 mil respectivamente, casi la mitad.
En total, las cortes de migración de Estados Unidos resolvieron 741,870 casos este año fiscal, y en el 83.5% de ellos el resultado fue orden de deportación. Es la maquinaria más grande que ha corrido ese sistema en su historia.
De los casos nuevos, apenas el 1.79% tenía alguna acusación de actividad criminal más allá de haber cruzado sin papeles. Noventa y ocho de cada cien no.
Eso es al revés de lo que llevan meses repitiendo. La justificación oficial para las redadas, los vuelos y las cifras récord siempre fue la misma: sacar criminales, proteger a la “gente de bien”. Los propios números de las cortes gringas dicen otra cosa.
Casi dos millones de mexicanos mandan remesas a sus familias en Michoacán cada mes. Ese dinero paga escuela, medicina, el techo de la casa. Cuando agarran a alguien, no agarran a un criminal en el 98% de los casos: agarran al que se fue a trabajar.
Contrario a la creencia popular, estas no son órdenes exprés de un agente en la frontera. Son procesos de corte, con audiencia y expediente, ante un juez de migración. Ese trámite existe precisamente para separar al que cometió un delito del que sólo cruzó a trabajar. Y aun con ese filtro puesto, el resultado es 98 de cada 100.
Trump ganó las elecciones sosteniendo la misma historia en sus mítines y en sus redes: que en México gobiernan los cárteles y no la presidenta, que la migración solo le ha costado dinero a Estados Unidos, que hay que actuar en consecuencia. Esa historia es la que sostiene, puertas afuera, cada redada y cada vuelo. Puertas adentro, en sus propias cortes, con sus propios jueces, el sustento no aparece.
CUANDO NOS HABLAN DE CRIMINALES: ¿DE CUÁLES CIEN HABLA?








