¿Quién decide por México? La soberanía como derecho a escribir nuestro propio destino.

Por Isabel Rodríguez

 ¿Qué significa defender la soberanía de una nación? Significa defender el derecho de un pueblo a decidir su propio destino.

Por siglos, México ha luchado frente a potencias extranjeras para relacionarse con el mundo desde la igualdad, no desde la subordinación; desde la cooperación, no desde la imposición. Pero queda una pregunta que nos interpela como pueblo:

¿Qué responsabilidad tenemos hoy para defender la soberanía que otras generaciones conquistaron?

La soberanía no se hereda pasivamente. Se defiende, se ejerce y se construye todos los días.

¿Qué significa defender la soberanía de una nación? No se trata únicamente de proteger fronteras o de rechazar intervenciones extranjeras. La soberanía es algo más profundo: es el derecho de un pueblo a decidir por sí mismo, a construir su propio destino y a no aceptar que otros escriban su historia.

Para México, esta idea no nació en los libros. Se forjó en la historia. Se defendió frente a invasiones, imperios, presiones económicas y proyectos que pretendieron subordinar nuestra voluntad nacional a intereses externos. Desde la República de Juárez hasta la expropiación petrolera del general Lázaro Cárdenas, la soberanía ha sido una causa que atraviesa generaciones.

Y México no ha estado solo en esa lucha. América Latina comparte una memoria marcada por la resistencia. Desde Simón Bolívar hasta las luchas contemporáneas por la autodeterminación, nuestros pueblos han defendido una convicción que sigue vigente: ninguna nación tiene derecho a decidir por otra.

 Un país soberano es aquel que puede relacionarse con el mundo desde la igualdad y no desde la subordinación; desde la cooperación y no desde la imposición.

En tiempos en que las fronteras económicas, tecnológicas y geopolíticas vuelven a poner a prueba la autonomía de las naciones, defender la soberanía adquiere una nueva dimensión. Ya no basta con custodiar el territorio: también hay que proteger la capacidad de decidir sobre nuestros recursos, nuestras instituciones y nuestro futuro.

México ha aprendido que la soberanía no es un privilegio concedido por las potencias. Es un derecho conquistado por generaciones.

Porque la soberanía no es solamente defender lo que somos. Es defender nuestro derecho a decidir lo que queremos llegar a ser.